El rey Ares no durmió en toda la noche. Siguió pensando. Preguntarse. Orando y rogando a la diosa Luna para que Helena se equivocara porque dejarla ir iba a destrozarle el corazón.
Habían pasado casi tres meses desde que trajo a Helena a su castillo.
Sólo meses y ya era adicto a ella.
Ella era como una droga a la que él era adicto y su ausencia lo haría perder la cabeza.
Siguió pensando, tal vez si le hubiera creído la primera vez que mencionó el hecho de que Tatiana no era quien decía ser, no