VICTORIA.
Me visto de negro, un color que no siento como luto, sino como el uniforme de un final necesario. Maximiliano me observa desde el umbral de la habitación. No me ha preguntado por qué voy, no me ha juzgado. Él sabe, mejor que nadie, que esto no es por sentimiento ni por amor. Son cinco años de mi vida encerrados, llenos de mentira, falsedad, hipocresia. Cinco años de errores, de miedo y de una versión de mí misma que murió mucho antes de que el disparo de Max pusiera fin a su existenci