VICTORIA.
Tres meses. Ese es el tiempo que lleva Adel bajo tierra. La casa está tranquila, y En el suelo de la sala, Enzo arrastra un carrito rojo sobre la alfombra. Lo observo fijamente, concentrándome en sus movimientos para no mirar a mi hermana.
Termino mi taza y la pongo sobre la mesa. Miro a Valentina.
—Por favor, ten cuidado —le digo. Directa. Sin rodeos—. Sé cómo operan. Sé perfectamente cómo terminan esas dinámicas. No te confíes.
Valentina ni se inmuta. Sostiene su taza con una calma