TU ERES EL PREMIO, NO EL OPONENTE.
VICTORIA.
Antes de que pueda articular una sola palabra de protesta, me besa.
No es un beso de despedida ni uno de cortesía; es un reclamo. Sus labios impactan contra los míos con la fuerza de un choque, calientes y exigentes en medio del aire gélido de Moscú que nos rodea. Siento el frío de la nieve en mi cara y, al mismo tiempo, el fuego de su boca devorándome, borrando cualquier rastro de la conversación que tuve con mi hermana hace apenas unos minutos.
Mis dedos se hunden en la lana oscura