MAX.
Moscú está enterrada en nieve. Me pongo un suéter de lana oscura y dejo de lado las formalidades. El teléfono vibra sobre la mesa. Presiono el altavoz sin dejar de ajustarme el reloj de pulsera.
—Comunícate con todos los implicados para el lunes —ordeno.
—Podría ser mañana mismo, señor —responde el abogado con su servilismo habitual—. Ganaríamos tiempo si hacemos la lectura del testamento mañana domingo, la familia está ansiosa y...
—No es posible —corto en seco.
Sé perfectamente lo que di