VICTORIA.
Nos quedamos completamente paralizadas en el sitio, mudas. El aire de la planta se vuelve gélido y respirar se siente como tragar vidrio.
Es Sergie Romanov.
El maldito mafioso que no solo tenía a Adel contra las cuerdas por una deuda millonaria de dinero, sino el mismo monstruo que dias atrás orquestó el secuestro en todo este hospital para salvar a uno de sus hombres y me arrastró con él. Verlo caminar con total impunidad por los pasillos donde hace horas operaron a mi sobrino me rev