VICTORIA.
El apartamento es amplio, minimalista y está calefaccionado a la perfección. No hay rastros de la calidez de un hogar común, pero justo ahora, el aislamiento es lo único que necesito.
Estoy completamente sumergida en la tina de mármol negro. El agua hirviendo me devuelve el color a la piel y disuelve el entumecimiento que me dejó el hielo del río Moscova. Mantengo los ojos cerrados, apoyando la nuca en el borde húmedo, dejando que el vapor limpie el olor a hospital de mis pulmones.
Ma