PESADILLA. 2
VICTORIA
—Vi las noticias en la oficina. Vi el asalto a la clínica y que te habían llevado —murmura contra mi oído, perdiendo el control por primera vez.
Me toma la cara con ambas manos, obligándome a mirarlo. Sus labios, calientes y urgentes, empiezan a presionar mi frente, mis mejillas y mis párpados, buscando asegurarse de que sigo completa, de que estoy viva. El contraste de su piel firme contra mi rostro congelado me espabila de inmediato. Es un momento limpio, cargado de una necesidad mut