SIN REGLAS.
VICTORIA.
El aire de Rusia no perdona; es un cuchillo de hielo que te corta la cara en cuanto te atreves a desafiarlo. Estoy afuera, envuelta en una pesada manta de piel, sentada en una de las sillas de la terraza cubierta. No hay sol. El cielo es una masa grisácea y densa que parece a punto de desplomarse sobre la nieve inmaculada. Observo el paisaje, tratando de procesar lo que ocurrió anoche bajo esa luz verde irreal. Mi cuerpo todavía se siente extraño, pesado, como si la marca de las manos