SEXO POR TELEFONO.
VICTORIA.
—No tenías ni que pedirlo, Victoria. El trato de los diez millones es solo para que entregue el órgano y firme el divorcio. Después de eso, te aseguro que ese desgraciado va a desear no haber nacido nunca. Yo me encargo.
Me quedo helada un segundo, asimilando el peso de sus palabras.
—Entonces... ¿era mentira? ¿Lo engañaste? —le pregunto, con la voz más baja, conteniendo el aliento.
—Por supuesto que lo engañé —suelta él, con una risa corta, seca y carente de cualquier rastro de pieda