GOLPE FINAL.
VICTORIA
La revelación me cae como un segundo impacto, pero esta vez no viene cargado de asco, sino de una comprensión abrumadora. Maximiliano. El hombre que hace apenas unas horas me devoraba con la mirada en su oficina, ya se había ensuciado las manos por mí y por mi familia en secreto.
—Por eso te lo ruego, Victoria, por favor no hagas nada —me suplica Valentina, tomándome del rostro con sus manos temblorosas—. Sé la rabia que tienes aquí dentro. Te juro que yo más que nadie desearía verlo m