MAX.
El humo de los cigarrillos y el olor a vodka premium flotan en el ambiente denso del club. Afuera, la noche de Moscú es un páramo de hielo, pero aquí adentro el tintineo de los hielos en mi vaso de cristal marca un ritmo pesado, insoportable. Mantengo la mirada fija en el líquido ambarino, con la mandíbula tensa, cargando todavía con la furia sorda que me dejó el desplante de Victoria. Esa mujer me va a volver loco.
Al otro lado de la mesa, Igor le da una larga calada a su cigarrillo. Me o