VICTORIA.
Maksim y Valentina se detienen a un metro de nosotros. El primo de Maximiliano mantiene una sonrisa arrogante que no logra ocultar del todo la palidez de su rostro, consecuencia directa del veneno que mi hermana le plantó horas antes.
—Maximiliano. Qué sorpresa verte fuera de tu oficina —suelta Maksim, con un tono impregnado de ironía—. Pensé que estarías ocupado contando los días para recibir el dinero de nuestro abuelo.
Max da un paso al frente, interponiendo su cuerpo entre su prim