MAXI.
Mantengo la mano firme en la cintura de Victoria mientras cruzamos el salón de gala. El murmullo de los invitados va quedando atrás cuando empujo las grandes puertas de cristal, saliendo al balcón privado. El aire frío de la noche moscovita nos golpea de frente, aliviando la pesadez del ambiente y barriendo el olor a perfume costoso.
Victoria camina a pasos rápidos hasta el barandal de mármol, apoyándose en él con ambas manos mientras intenta respirar con normalidad. Me coloco justo detrá