VICTORIA.
Las puertas del ascensor se abren y entramos al sitio. La atmosfera es pesada, una de la que no estoy acostumbrada. El penthouse de Igor es el exceso en su máxima expresión.
El espacio es inmenso, de techos altísimos y paredes de cristal que ofrecen una vista panorámica de un Moscú iluminado, pero nadie mira hacia afuera. La iluminación es mínima, dominada por tonos ámbar y carmesí que bañan los muebles de terciopelo y las esculturas de mármol.
Lo primero que me golpea, además de la m