DESPERTAR.
MAX
—Esa boda no se va a celebrar —le aseguro, con un tono gélido—. Sergie se va a encargar de destrozar a mi primo en su propio altar. Hoy empieza el cobro de cada gota de sangre que nos quitaron.
Tania asiente despacio, sin juzgar mis métodos esta vez. Mira a Victoria una última vez y da un paso atrás.
—Quédate con ella, Maximiliano. Necesita escuchar tu voz para volver. Yo estaré afuera.
—¿Tú no irás a la boda, madre? —le pregunto, mirándola de reojo mientras acomodo mi postura en la silla.