DESPERTAR.
MAX.
Avanzo por el pasillo del hospital con el paso pesado. En la mano derecha sostengo un ramo de flores frescas; las dejo sobre la mesita de noche en cuanto entro a la habitación.
Dos enfermeras se mueven alrededor de la cama, terminando de limpiar a Victoria y acomodándole las sábanas limpias.
—Señor Markov —dice una de ellas, sorprendida—. Todavía estamos asistiendo a su esposa. Si nos permite unos minutos afuera...
—No me voy a ir —la corto de inmediato—. Dígame cómo está. ¿Hay algún cambi