VICTORIA.
Me pongo de pie de golpe, soltando las manos de mi hermana como si quemaran. El aire del comedor se vuelve irrespirable, denso como el plomo. Siento un zumbido ensordecedor en los oídos mientras las lágrimas comienzan a salirse de mis ojos sin control, nublándome la vista. No puedo dar crédito a lo que acaba de salir de la boca de Valentina. La verdad me golpea con la violencia de un impacto seco, desmantelando cada recuerdo de esa noche y de los años posteriores.
No puedo ignorar el