VICTORIA.
El interior del Casino Fortuna es un asalto a los sentidos. El aire huele a perfume caro, tabaco de importación y ese aroma metálico e indescriptible que solo tiene el dinero cuando cambia de manos. Maximiliano camina a mi lado, y aunque no me toca de forma constante, siento su presencia como una sombra protectora y dominante. La gente se aparta apenas lo reconoce y es como si le tuvieran miedo o respeto. quiero imaginar y creer que es lo segundo.
—No te separes de mí —murmura, su man