ACEPTO.
VICTORIA.
Maximiliano se queda rígido por un instante. Su mano detiene las caricias en mi espalda y clava sus ojos oscuros en los míos, manteniendo esa promesa de honestidad que acabamos de sellar, pero con una firmeza que no me deja espacio para presionarlo.
—Sí, hablé con tu hermana, Victoria —admite con voz grave—. Y ella me confesó quién es el padre de Enzo.
Me incorporo sobre el colchón, apoyando el peso en mi codo, sintiendo que la curiosidad y la alarma me encienden la sangre.
—¿Y bien?