Subí las escaleras despacio, con el cuerpo pesado y la cabeza a mil. La charla con Helena me había venido de perlas, pero la preocupación por Rodrigo todavía me encogía el corazón. Había cenado sin decir ni mu… masticando sin ganas, mirando el plato sin ver nada. Laura intentó darle conversación, contarle el dibujo que había hecho en el cole, pero él respondía con monosílabos, con una voz totalmente vacía.
Después de cenar dijo que tenía que terminar unos informes y se encerró en el despacho. A