Cap

El trayecto fue silencioso.

Mi madre miraba por la ventanilla, Roberto mantenía los ojos cerrados y yo conducía sin pensar.

Cuando paramos enfrente de la mansión, Roberto se bajó primero.

—Gracias por haber venido, sé que ha sido duro —le dije.

—Necesitaba mirarle por última vez.

—Lo sé.

Caminó hacia la puerta, pero se detuvo antes de entrar.

—¿Rodrigo?

—¿Qué?

—¿Tú crees que lo sabía? ¿Al final? ¿Que sabía lo que hizo y se arrepintió?

—No lo sé. Espero que sí.

Roberto asintió, entró y la puerta
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