El cine lleno un sábado por la tarde no era exactamente mi plan favorito.
Yo prefería una sesión vacía entre semana, con palomitas dulces y el aire acondicionado bien frío.
Pero por Laura, que llevaba saltando de alegría desde que su padre anunció que iríamos a ver la nueva película de la princesa sirena, era capaz de enfrentar cualquier multitud.
— Mali, ¿tú crees que la sirena se casará con el príncipe al final?
preguntó Laura, apretando mi mano con fuerza mientras cruzábamos el aparcamiento.