El sábado por la mañana en la mansión empezó con una seriedad que solo una niña a punto de cumplir cinco años es capaz de tener. Rodrigo estaba sentado en la cabecera de la mesa del desayuno, mirando a Laura con una mezcla de adoración y de curiosidad pura. Tenía ya en el móvil una lista de caterings, temáticas de «El Mago de Oz» y decoradores de lujo listos.
— A ver, princesa — empezó Rodrigo, sirviéndole un poco de zumo —. Papá quiere saber… ¿de qué quieres la fiesta?
Llevábamos todo el mes p