(Perspectiva de Rodrigo)
Tres meses.
Tres meses desde que el salitre del mar y las risas de Laura limpiaron la capa de muerte que cubría mi vida. La mansión Ferreira ahora tenía un sonido diferente; ya no era el eco de una tumba, senão el jaleo de unos pasos apresurados, debates sobre códigos de programación en la mesa de la cena y el olor dulce al café que Eliete le preparaba a Arnaldo.
Estaba em mi despacho de casa, repasando el balance trimestral de Éclat, cuando mi móvil privado vibró sobre