El espejo que tinha delante reflejaba a una mujer que casi ni reconocía, mas que por fin me gustaba. Eliete estava detrás de mí, terminando de recogerme un mechón en un semirecogido, elegante y con mucha caída. Me temblaban un poco las manos mientras me ponía las lentillas. El vestido que me había regalado Rodrigo era una obra de arte. Un azul noche intenso, de seda con cuerpo, con un corte que me realzaba las curvas sin perder ni un ápice de elegancia. Tenía un escote en V discreto y una abert