La oficina era el sueño de cualquier friki de la tecnología. Había tres monitores curvos gigantescos, un servidor dedicado de altísima velocidad, sillas ergonómicas de última generación y hasta una zona de descanso con una cafetera que parecía sacada de una película de ciencia ficción. Pero lo que de verdad me llegó al corazón fue la mesa de pruebas de hardware, que era idéntica a la que tenía en mi antiguo cuartucho, pero mil veces mejor.
—No le he quitado el puesto a nadie, Mariana —dijo Rodr