Estaba en la habitación de Laura, acostándola para que se durmiera.
—Mali, hoy quiero la historia del conejito que no quería dormir —anunció Laura, dando saltos na cama con la energía de quien no tenía la más mínima intención de dormirse pronto.
—¿Otra vez, pequeña? Si ya nos hemos leído ese cuento como cien veces.
—¡Es que es mi favorito! —Se metió debajo del edredón, achuchando a su unicornio de peluche—. Y además haces la voz del conejito súper graciosa.
Suspiré, fingiendo que me daba por ve