Cap.
La puerta de hierro chirrió, un ruido estridente que pareció resonar no solo por el jardín, sino por las décadas de silencio que arrastraba aquella mansión. La casa de mi madre, un diseño neoclásico imponente en pleno barrio pijo, siempre había sido el mayor emblema de lo que mi padre, Nelson, consideraba el éxito. Para la gente de fuera era un fortín de prestigio; para los que vivían dentro, una urna de cristal donde cada vez costaba más respirar.
Aparqué el coche y, durante un momento, me que