El reloj del coche marcaba las 2:47 de la madrugada cuando la llamada que llevaba días esperando por fín llegó.
— Señor Ferreira, le hemos encontrado. Estaba en el Hotel Beira Rio, en la frontera con Paraguay, intentando huir de madrugada, seguramente con documentación falsa...
— No le perdiste de vista. Voy para allá.
Colgué y me quedé mirando al techo de la habitación. Mariana dormía a mi lado, con la cara relajada y una respiración lenta y profunda. Apenas se le estaba cerrando la cicatriz d