Cap.
(Perspectiva de Mariana) Me desperté con el pitido bajito del monitor cardíaco y ese olor metálico a hospital, pero lo que de verdad me hizo volver en mí fue el calor de la mano de Rodrigo sobre la mía. No se había movido de mi lado ni un solo segundo. Le miré, sentado en ese sillón tan incómodo, con unas ojeras tremendas y la mandíbula tensa incluso estando dormido.
— Rodrigo... — mi voz no fue más que un susurro seco.
Él se despertó de un respingo, mirándome con una urgencia que me dieron gan