—Me pegué un susto tremendo cuando vi lo que pasó en la tele, Mariana. Fue una locura.
—Ya ves. Pero, gracias a Dios, todo terminó bien.
Adriano miró a Rodrigo, que lo estaba fusilando con la mirada desde la distancia, y luego volvió a mirarme a mí.
—Me alegro mucho de ver que te estás recuperando. Si necesitas cualquier cosa... de verdad, lo que sea, llámame. Sabes que puedes contar conmigo.
Sonreí, sintiendo el peso de su amistad.
—Lo sé. Y tú sabes que también puedes contar conmigo.
Adriano