El estómago me dio un vuelco. Vaya. Yo no estaba exactamente preparada para ese tipo de información.
— Pero ¿te ha hecho algo? — pregunté, acercándome y poniéndome a su altura. — ¿Algo que te haya hecho daño o que te haya puesto triste?
Laura sacudió la cabeza rápido.
— No. Pero es que no le caigo bien. Respiré hondo.
Los niños tienen un radar emocional que ningún adulto puede igualar. Y Laura era demasiado espabilada.
Pero yo también tenía que tener cuidado. Laura veía el mundo con sus propi