Se me encogió el pecho en el acto. Y, ¿siendo sincera? Si Rodrigo Ferreira aún tenía un corazón latiendo en ese pecho de piedra, aquello... aquello le tuvo que dar de lleno también.
Ella seguía temblando en sus brazos, con la carita escondida en el hombro de su padre, y yo me quedé allí, plantada, sintiendo el corazón a mil por hora. La escena parecía congelada, como si el mundo entero estuviera esperando la reacción de Rodrigo Ferreira.
Se quedó unos segundos callado, respirando hondo. Su mano