Sentir su presencia detrás de mí era como tener a un león en reposo vigilándome las espaldas. Cada fibra de mi cuerpo era consciente de la distancia exacta entre mi espalda y el respaldo de la silla. Me obligaba a centrarme en las líneas de código que desfilaban por la pantalla, en los registros de seguridad y en los patrones de tráfico de red que contaban la historia del ataque. Pero era casi imposible.
Sobre todo cuando se inclinaba para ver algo en el monitor. Su cuerpo se acercaba, su calor