La frustración era una cosa pegajosa y caliente, igual que el chocolate que se me derretía entre los dedos.
Me había bajado la regla con la fuerza de un huracán, como si el universo se hubiera propuesto poner a prueba los límites de mi paciencia. Y, cómo no, justo cuando estaba con la muleta.
El aire acondicionado de la habitación rugía a tope, combatiendo los sofocos que me venían por dentro y por fuera. Estaba enterrada bajo el edredón, montándome una especie de cueva de tela donde solo exist