Mundo ficciónIniciar sesiónCuando Eliete asomó por la puerta y anunció que la cena estaba lista, fue un alivio. Por lo menos aquel silencio tenso se iba a romper con el ruido de los cubiertos. Recogí las piezas del puzle volando.
—Venga, Laura. Hora de comer. —me cogió de la mano y fuimos al enorme comedor.
Eliete ya estaba poniendo la fuente humeante de lasaña en el centro. La







