(Perspectiva de Rodrigo)
Cerré la puerta de mi despacho com un golpe sordo que pareció retumbar en toda la planta, pero el jaleo de ahí fuera seguía vibrándome en la cabeza.
Podía sentir la sangre latirme en las sienes, con una furia ciega que no experimentaba desde hacía años.
Cada insulto que había escuchado en esos pasillos… amante, oportunista, escoria… parecia que me lo habían clavado en mi propia piel.
Noté que la mano de Mariana flaqueaba sobre la mía cuando intentó suentar los dedos, un