Suspiré, mirando a la taza.
—Es muy complicado, Eliete... pero sí. Ya no puedo seguir disimulando.
Eliete soltó el trapo de cocina y me agarró de la mano.
—Ten cuidado, mi amor. Nara fue su primer amor, la herida todavía es muy profunda.
—Igual ya es demasiado tarde para tener cuidado —respondí, sintiendo un nudo en la garganta.
Me pegó un abrazo, murmurando que todo saldría bien, pero mi corazón seguía dudando.
Miré hacia el pasillo y le hice la pregunta que me traía de cabeza.
—¿Es verdad que