El martes había sido un puto infierno.
Reuniones eternas con los abogados, llamadas de accionistas muertos de miedo, el equipo de crisis mandando correos cada cinco minutos. La rueda de prensa era pasado mañana y parecía que el mundo se me caía encima.
Llegué a casa más temprano de lo normal, a las cuatro de la tarde, un lujo que no me había podido dar en semanas.
Necesitaba despejarme, ver a Laura y...
La necesitaba a ella.
Aparqué el coche y fui directo al jardín. Sabía que a Mariana le gusta