Después del incidente con Elías Mendoza y el sombrero de pavo real, la atmósfera en la Editorial Soler, al menos entre Clara y Marcos, se había aligerado un poco. La risa de Marcos, aunque breve, había sido una revelación, una grieta en su armadura que Clara no había esperado. Sin embargo, la rutina de trabajo seguía siendo exigente, y los debates sobre la novela continuaban, a veces con la misma intensidad de siempre.
Clara había estado sumergida en la reescritura de los primeros capítulos de