63. Perdón
63. Perdón
Knox dejó de respirar por un segundo. Fue como si todo a su alrededor desapareciera por completo. La mujer, a quien ya no podía llamar madre, lo observaba con ojos opacos. Su cabello era una maraña enredada y su ropa, tan sucia como su alma.
¿Qué es lo que pretendía Caroline al presentarse así delante de él? ¿Acaso creía que iba a sentir lástima por ella? Si esa era su intención, se había equivocado. Él no podía sentir nada por ella, ni pena, ni amor.
Hace años se había encargado de