38. De tal palo, tal astilla
38. De tal palo, tal astilla
Nova sentía que volaba sobre una nube. Estaba como una adolescente. Miraba a Knox y sonreía.
—Deja de mirarme tanto o me vas a desgastar —dijo con una sonrisa en los labios.
Knox tenía puesta toda la atención en la carretera, pero podía sentir la mirada intensa de Nova sobre él.
Era como una sutil caricia sobre su piel, quemaba, pero no dañaba.
—¿Cómo sabes que te estoy mirando? —preguntó, apartando los ojos, viendo a través del cristal de la ventanilla.
—¿No lo est