31. No insistas
31. No insistas
Knox había tenido roto el corazón más de una vez. De hecho, aprendió muy pronto a vivir de esa manera, pero ese “quédate, papito” de Nikki no solo se lo rompía como hombre, sino que le quemaba hasta lo más profundo del alma.
Él observó a Nikki con ternura infinita. Quería decirle que durmiera tranquila, que él no pensaba moverse de allí hasta que despertara de nuevo. Deseaba darle la seguridad de que, a partir de ahora, estarían juntos; sin embargo, no podía olvidar de que aún h