Once cuarenta y cinco de la noche.
Estoy en las sombras cerca del muelle 17, observando. Esperando.
El lugar está vacío. Solo el sonido del agua y el tráfico lejano.
Estoy armada. Pistola en la cintura. Cuchillo en la bota. El rastreador de Gabriella en mi bolsillo, enviando mi ubicación.
Por si acaso.
Una figura sale de la oscuridad. Alto. Hombros anchos. Ese movimiento que reconozco.
Dante.
Está solo.
Salgo a la luz.
Estoy aquí.
Se detiene. A unos metros.
Viniste dice con alivio.
Casi no vine