—¿Qué pasó anoche? —le pregunta Anna mientras camina por el jardín del palacio real, cabizbaja, sosteniendo el brazo de Antuam.
—¡Estoy seguro de que el príncipe no volverá a molestarte! —La pelinegra asiente, pero en el fondo de su corazón se instala una terrible sensación de miedo. ¿Era eso realmente lo que deseaba? Se pregunta a sí misma.
—De igual manera, no creo que vuelva a molestarme, hoy mismo regreso con mi familia a casa. Ya no tengo nada que hacer en este lugar.
—Te extrañaré, ya