Damian
La noche se extendía como un manto de terciopelo sobre la ciudad. Desde mi ventanal, observaba las luces que parpadeaban a lo lejos, diminutas estrellas artificiales que intentaban competir con el firmamento. Había vivido tantas noches como estas, tantos siglos contemplando la evolución de la humanidad, que debería sentirme inmune a cualquier emoción.
Sin embargo, algo había cambiado.
Cerré los ojos y permití que los sonidos nocturnos me envolvieran. El suave respirar de Eva en la habita