Damian
La observé dormir, su respiración acompasada elevando suavemente su pecho bajo las sábanas. Eva había caído rendida después de horas de insomnio, y ahora la luz del amanecer dibujaba sombras doradas sobre su rostro. Permanecí inmóvil en el sillón junto a la ventana, contemplándola como quien admira una obra de arte prohibida.
Siglos de existencia me habían enseñado a controlar cada impulso, cada deseo. Los humanos eran criaturas efímeras, instrumentos para mis propósitos, nunca objetos d