82. Un golpe mas de mis enemigos
—¡Deténganse! —gritó Marta, su voz temblando, resonando entre los edificios —¡Por favor, es un niño!
Nada la detuvo. La distancia entre ellos aumentaba con cada paso. El hombre que sostenía a Eidan giró la cabeza hacia su compañero, señalando un callejón cercano que habían identificado previamente como su ruta de escape.
—Por aquí —dijo, y juntos doblaron hacia la penumbra del callejón. La luz del sol apenas se filtraba entre los edificios, creando sombras largas que cubrían sus movimientos.
El