76. El regreso de un falso amor
—Y háganme un favor —dijo Eryx con voz grave, sin levantar la vista de los documentos sobre la mesa —Que nadie le avise que lo estamos buscando. Quiero que crea que tiene el control. Su tono no era una orden; era una sentencia.
Los hombres que lo rodeaban, acostumbrados a su frialdad, se miraron entre sí sin atreverse a hablar. Sabían que cuando Eryx Allens hablaba así, significaba que alguien estaba a punto de ser destruido.
El aire en la sala se volvió denso, Eryx levantó la mirada hacia la